Jiménez Millán, Ciudades

ANTONIO JIMÉNEZ MILLÁN
Ciudades
Renacimiento, Sevilla, 2017
Los poemas de Antonio Jiménez Millán (Granada, 1954) miran hacia el pasado. Hacen un recuento minucioso, una comprobación detallada de que cada barrio, cada calle, cada caserón, cada ventana empañada está en el sitio donde la dejó el poeta.
Se trata de escenografías muy precisas, de parques abolidos donde los árboles siguen deshojándose, laberintos donde Jiménez Millán intenta orientarse para regresar, no tanto a su pasado como a su nostalgia. Porque da la sensación de que ese detallismo es un esfuerzo no tanto para recuperar como para reconstruir, para sustituir la memoria vivida por una idealizada. Son numerosos los versos que apuntan en ese sentido: «No intentes regresar, si tienes miedo», asegura uno de ellos. «Se mira en el espejo de los años / y no se reconoce», dice otro. «Como el barco perdido entre la niebla / se adentra la memoria en los dominios / de un mar borrado, / envía sus mensajes y pregunta / por rostros que se fueron, / por nombres confundidos en los márgenes / del tiempo y de la muerte. // Y no sabe si inventa su pasado». Estos últimos versos pertenecen a Niebla, el último de los poemas recogidos en libro, y de algún modo también el que más desvela con sus veladuras. Para esa búsqueda del pasado perdido, Jiménez Millán se apoya en sus lecturas, en los elementos intertextuales, las citas, las referencias a escritores o personajes históricos. Dice el prologuista Luis García Montero que la poesía de Jiménez Millán es una poesía «culta a la hora de huir del culturalismo». Y dice también que la conciencia del tiempo es para él inseparable de la conciencia de la historia. A la historia vivida en propia carne alude el penúltimo libro, Clandestinidad. Del último, todavía inédito, nos ofrece un adelanto de cinco poemas. No creo que sea casualidad que el broche final esté dedicado a Gil de Biedma: «Ahora todo está mucho más claro: / en la vida y en la literatura / hay que saber guardar distancias, / no creerse los fuegos de artificio», sentencian los versos finales, que arrancan en la lección de Biedma de que «Mantener la distancia es un aprendizaje / que cuesta muchos años y algunas decepciones».

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