Todavía más virutas de taller, de Miguel D´ors
















MIGUEL D´ORS
Todavía más virutas de taller
Los papeles del sitio, Sevilla, 2016

«El hombre ha sido hecho para la felicidad; la literatura solo importa si nos ayuda a alcanzarla». Este es el lema que el profesor Miguel d´Ors defendía en sus clases en la Universidad de Granada y el que recuerda a unas alumnas cuando se excusa por no poder asistir a su graduación.
La carta forma parte de la tercera entrega de Virutas de taller, una suerte de diario donde D´Ors (Santiago de Compostela, 1946) va reuniendo lecturas, impresiones, opiniones y cartas, aparentemente en orden cronológico, aunque las fechas revelan una reordenación temática o anímica. Además de ser uno de los mejores poetas de su generación, D´Ors es un fino analista del género, aunque prefiere exponer sus conclusiones en estas páginas mestizas antes que someterlas al rigor del ensayo. Así nos descubre, redescubre y desmenuza poemas de Quevedo, Iriarte, Baudelaire o el Marqués de Lozoya, entre otros, e incluso canciones del Chango Rodríguez, amén de revisar sus propias piezas y de dictaminar en cuáles logró lo que pretendía y en cuáles cree que no. Se define como un poeta figurativo que también como lector prefiere poemas que se entiendan, aunque acepta con Amado Alonso que puedan tener coherencia lírica. Apunta que entre la tradición irracionalista y la purista, las dos más conspicuas de la poesía moderna, muchos jóvenes poetas están optando por el eclecticismo, que «si no se funda en un criterio firme y seguro sobre lo que es válido y lo que no, (…) es bastante tonto». Sin pelos en la lengua, D´Ors desnuda poemas de Ashbery o Simic, entre otros. Eso sí, aclara que «a un poeta no hay que juzgarlo por sus caídas sino por sus aciertos». Pero la poesía es solo uno entre los temas del libro. El gallego es aficionado a preparar listas sobre cosas que le gustan, por ejemplo expone una completísima relación comentada de películas del Oeste. También opina con acertados aforismos sobre los malos usos de la democracia, la mayoría de los cuales suscribo. Me siento sin embargo en las antípodas de sus posicionamientos políticos y religiosos y el tono en que los defiende que nos condena a arder en el infierno a los que no pensamos como él.