Poemas pequeño-burgueses, de Juan Bonilla


JUAN BONILLA
Poemas pequeño-burgueses
Renacimiento, Sevilla, 2016

Cada vez más Juan Bonilla (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1966) elabora sus poemas a partir de una idea previa cuyo curso natural no es siempre producir emoción en el lector, al menos no ese tipo de emoción que asociamos con el poema.
Su enorme ductilidad que le permite moverse en géneros dispares como el periodismo, la novela o la poesía, lo aplica en este caso a textos cortos y versificados que en ocasiones se deslizan hacia la ocurrencia o la provocación e incluso hacia la denuncia social, objetivos que persigue hasta el final. Y, ojo, que no quiero decir que no se lean con gratitud ni que dejen de acertar en su propósito, sino que ese propósito no es un poema al uso. Por ejemplo, «Borrador de un poema», en donde el narrador homenajea durante un día a su padre fallecido y se demora sustituyéndolo en todos los pequeños actos cotidianos, me parece un relato estremecedor. O «Gala», donde parodia la lista de los premios Óscar, ofreciendo cada uno de ellos a personas o aspectos relacionados con su propia vida, me parece una idea genial. Pero en uno y otro caso, y en alguno más, no pierdo de vista en ningún momento que se trata de una idea, de una fórmula, es decir no consigo calar en el mensaje y vaciarme en él, como le pido a la poesía; aunque esté versificado y medido, echo en falta tensión en el lenguaje, como si le viniera ancho el traje y se le notaran las costuras. Puede que sea un problema de lector, que va buscando algo distinto a lo que el autor le ofrece. Al fin y al cabo, vivimos tiempos en los que la fusión de géneros es un valor añadido. Además, hay piezas en las que Bonilla consigue emocionarme con la emoción del poema más genuino y en las que verdaderamente me sumerjo, y no son pocas: «El río», «Por regresar», «Beberse un árbol», «Propiedades» o «Epitafio de cualquiera», por citar algunas. En esta última, un muerto señalado en su tumba por dos fechas, ve pasar a los vivos y les insta a que aprovechen la maravilla que es vivir: «tienes un cuerpo, puedes / sentir cómo cabalga el tiempo / en el bombeo de tu corazón, / te incendian los deseos y te muerde / la ira o te abruma el desconsuelo».

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