Confuso laberinto, de Sánchez Menéndez


JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ
Confuso laberinto
Renacimiento, Sevilla, 2016

«Quieres saberlo todo y nada es permanente», se dice a sí mismo Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) en Confuso laberinto. Y añade que «solo existe lo efímero».
Inmerso en estas constataciones, pero sin descartar sus contrarias, el libro es una búsqueda afanosa de certezas por medio de las palabras, por el procedimiento de remover en el magma de lo que tenemos ante los ojos, mezclado con lo que soñamos, con lo que intuimos, con lo que leemos, con lo que pensamos, con lo que sentimos. Confuso laberinto nombra todo eso a la vez en prosa con ritmo de poesía y además mezcla poesía, sin solución de continuidad. Tan pronto los dias se suceden en párrafos consecutivos, como aparecen y desayunan con el narrador autores que solo pueden estar vivos en sus escritos y en las quimeras de un lector obsesionado: «los libros no se leeen, se desmenuzan. Y eso es cuestión de tiempo». En esa lava fundida de todos los géneros, hay constantes que asoman y se esconden, que se pueden hilvanar y conforman una filosofía de la escritura, una poética: «la búsqueda es un proceso tan radical como verdadero». El autor se posiciona a partir de Juan Ramón en Existencia: «Hay una sombra en Moguer, en casa de JRJ. Dice la sombra que se llama esencia. Yo prefiero la existencia». Opta por la vida, con su laberíntica complejidad, antes que por la aislada pureza. En otra pieza, Matices y desvíos, describe los mecanismos que orientan su escritura: «Llevo media vida luchando con los desvíos que atacan mi poesía. Acechan, se esconden, maltratan. Descubrir los matices y admirarlos ocupan la otra media». Entre matices y desvíos está el juego que se dirime con el trabajo: «cuanto más leemos, más probabilidades tenemos que una moneda caiga de canto. Tendrás el primer matiz». En el burbujeante magma de la realidad, nada es permanente. Sánchez Menéndez tantea y avanza con la prosa, con sentencias que a veces cristalizan en aforismos: «No se puede vivir en la unidad sin haber existido en la separación». Martín López-Vega aclara en la contracubierta que el libro es el quinto de los diez que componen un proyecto englobador llamado Fábula.