Un verano en Sulpíride










ANDRÉS GÓMEZ MIRANDA
Un verano en Sulpíride
Ed. Baile del sol, Tenerife, 2016

Andrés Gómez Miranda (1967) defiende una «poesía de la interferencia» que no es capaz de hacer llegar más que «mensajes entrecortados y confusos, como los de aquellas emisoras de onda corta que escuchaba en mi niñez». Y esta idea de la fragmentación, que más que una idea ya es en sí misma un sentimiento, la aplica en las piezas que componen su libro Un verano en Sulpíride.
Por cierto que Sulpíride no es un lugar, sino un fármaco antipsicótico, que bloquea algunos receptores cerebrales. Pero en contra de lo que podría colegirse de esta presentación, no estamos ante una escritura automática que nos sobrecarga de imágenes más o menos disparatadas, más o menos desconcertantes, hasta que nos pierde en un tiovivo. Gómez Miranda parte de situaciones cotidianas sencillas, probablemente entresacadas de un diario, y nos hace avanzar por ellas hasta extraer una asociación, un pensamiento o un aforismo, que nos suspenden en la sugerencia. Son piezas cortas, dispuestas como prosa, pero que del mismo modo hubieran encajado en verso, pues tienen ritmo versal. Por lo general constan de dos párrafos: uno primero más descriptivo y un segundo que es como la conclusión, que a menudo no guarda una relación directa con el primer párrafo pero que, al mezclar con él, suscita una emoción nueva a partir de la extrañeza. A veces son muy breves, como Nadie más extraño: «Viejos y niños que andan por mitad de los días soleados sin mancharse con las prisas que saltan de alma en alma como si fuéramos una estampida de singularidades. // Nadie más extraño que lo que fuimos o seremos». O como El suelo: «De pronto ando por un trozo de calle donde han plantado pinos y el suelo está cubierto de un colchón suave y resbaladizo de agujas. Pienso en el olor a tomillo. // Me doy cuenta de que me he salido de la acera». Poco a poco nos damos cuenta de que la verdadera y callada vida es una sucesión de estas breves experiencias mezcladas con impresiones y reflexiones. Lo de menos es el diazepán, que no sé muy bien si es pose o verdad porque el autor oculta sus datos biográficos tras un misterio más artificioso que sus poemas. Pero la rapsodia se agradece.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los poemas .., habría que leer más......; pero tus palabras incitan las curiosidad por leer....