Limbo y otros poemas



Ada Salas: Limbo y otros poemas. Ed. Pre-textos, Valencia, 2013

Después de reunir toda su poesía anterior (1987-2003) en No duerme el animal (Hiperión, 2013), Ada Salas emprende una nueva etapa con Limbo y otros poemas. No es nueva solo porque asoma en una editorial distinta a la que ha ido viendo aparecer sus libros hasta la fecha, sino también, y sobre todo, porque muestra una evolución muy evidente, aunque sin abandonar los rasgos que personalizan su escritura.
Ada Salas sigue escribiendo poesía minimalista, en la que las palabras se esfuerzan por significar más allá del eco de su propio sonido y se tensan sobre la página componiendo auténticas esculturas verbales. Los silencios siguen teniendo tanto peso como los propios sonidos, aunque cada vez haya más cuerpo, más continuidad de la palabra en las composiciones.

Pero si antes los símbolos aún estaban unidos por un hilo, aunque fuera muy fino, a la anécdota vital de los suscitaba, en el nuevo libro prácticamente se quedan fuera del alcance de los sentidos. La propia anécdota termina convirtiéndose en un símbolo: la puerta que se abre no solo no da acceso a una estancia física y nos franquea el paso hacia la muerte: “Espera ante esta puerta que abre / hacia la muerte…”, sino que termina difuminándose hasta que “no hay / ni siquiera esta puerta que abre hacia la muerte”. Salas nos va retirando las referencias, los asideros a los que propendemos: el hombre que persigue a su perro nunca termina de alcanzarlo. Como sucede en las pesadillas, “no hallaremos descanso en estas / amapolas”.
Los aparentes fragmentos de realidad constituyen en la práctica un caleidoscopio de experiencias que no se hilvanan en torno a un sentido, sino a las sensaciones, los estados de ánimo, las cuerdas sensibles de la autora, que está atrapada en su crisálida: “una roca molida / entre / las mandíbulas / del corazón”. Esa distancia de lo tangible se aprecia sobre todo en poemas como “Extraño suena / el mundo”, que nos lleva hasta “el centro del ámbar” donde quedaron atrapados pequeños animales antediluvianos. O como en el estremecedor poema que cierra el libro, “Con la derecha / pulso / el clave del silencio”, donde comprendemos que toda la composición es un desesperado grito de auxilio, imposible de atender: “si puedes escucharme no puedes / socorrerme”.
Sustentada sobre citas de autores que sugieren en unos casos y sirven como pie obligado en otros, ninguna me resulta tan definitiva como la que toma de Apollinaire: “está muerto tan solo lo que / todavía no existe”. Porque, como barrunta el propio título del libro, los poemas proceden de un espacio previo a la consciencia, están naciendo, formándose desde el caos primigenio y sin embargo afectan a lo que consideramos nuestra vida consciente, que corroen verso a verso: “El desorden trabaja como crece una herida / hacia /adentro y hacia / afuera”. En ese límite está el clave del silencio que pulsa con una mano Ada Salas; en ese límite se pierde y se gana su mensaje: “Lo que quiero decir / está ahí. Animal / que los ojos no ven / pero mueve las ramas”.

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