Irak en cine

Cuando ya parecía que los invasores le habían sacado todo el jugo económico a Irak, son capaces de rizar más el rizo y aún le siguen sacando dinero con el cine. Se critican a sí mismos, que es una forma retorcida de hacer catarsis sin dejar de hacer recaudación. En tierra hostil, la película británica laureada con los mejores Óscar este año y la más reciente Green Zone nos meten de cabeza en las calles destrozadas de Bagdad. Encima lo hacen bien, me parecen dos buenas películas, aunque no considero que alcancen la categoría de obras maestras. Pero te hacen sentir como si estuvieras viviendo el conflicto desde una ventana privilegiada, a salvo de los tiros y de las explosiones, aunque no de sus implicaciones emocionales. Los escenarios están muy logrados. Eso lo reconocen hasta las mismas tropas norteamericanas destacadas en la antigua Mesopotamia. Es lo único que admiten. Bueno, uno de los entrevistados, el sargento Gardner, añade que la única parte con la que se identifica de En tierra hostil, la única que le parece realista, es cuando el protagonista está en un supermercado de Estados Unidos y aún se siente en medio de la guerra. Todo lo demás no se parece a su oficio. Los encuestados coinciden en que hay secuencias imposibles, como aquella en la que el sargento que comanda la unidad de artificieros escapa de la base vestido de civil y, después de algunas peripecias, le dejan regresar como si no hubiera pasado nada. Como ya presentíamos, también es inaudito que un artificiero se despoje del traje y se desprenda de los auriculares para realizar una misión, puesto que el protocolo les obliga a trabajar en equipo. Claro, también les indigna a los encuestados la imagen de pendencieros y borrachuzos que dejan en la retina sus dobles cinematográficos. Todo eso les parece inverosímil rallando en lo ridículo, según afirman. Lo que demuestra una vez más que la realidad en sí misma es más increíble que la ficción. El tema principal de la película es la adicción al peligro extremo del sargento Will James y para ilustrarla era preciso saltarse todos los reglamentos del ejército, que están concebidos para minimizar riesgos, pero no para emocionar a los públicos. Los únicos que perciben la divergencia son los especialistas, como nos pasa a los aficionados al fútbol en La gran evasión o a los aficionados al rugby en Invictus. Así que no creo que sargento real Jeffrey Sarver consiga sacar tajada del éxito de En tierra hostil. Él insiste en que la peli se basa en un artículo que publicó en Playboy explicando los pormenores de su trabajo de desactivación. Pero los responsables de la película sólo lo usaron para inventar desde una base creíble. Y los propios conmilitones de Sarver le quitan la razón, al coincidir en que la película es inverosímil. Tampoco es verdad Green Zone, que nos introduce en la Bagdad de los primeros días de la invasión, cuando todavía la posibilidad de que existieran armas de destrucción masiva estaba candente y sin despejar. Al menos en este caso no hay encuestas entre los militares ni entre los miembros de la CIA. Todos sabíamos que no existían esas armas y aceptamos la ingenuidad del sargento interpretado por Matt Damon como una licencia narrativa imprescindible para disfrutar de la trama. En este caso, la película se apoya en una novela y la cita religiosamente en los créditos, con lo que supongo que los derechos de autor están en regla. Bien es cierto que acudimos a verla con la ilusión de que sea una especie de epígono de la trilogía de Bourne, ya que coinciden de nuevo el director Greengrass y Damon. Sin llegar a decepcionarnos, la altura esta vez nos parece menor y además salimos de la sala con una especie de baile de San Vito en el cuerpo con tanta cámara subjetiva y tanto plano perdido entre temblores para acentuar la sensación de realismo. En cualquier caso, la táctica es perfecta: lían una guerra y luego le sacan pasta deformándola para que la veamos desde la perspectiva de sus pobrecitos y humanos soldados. ¿Y los irakíes? Terroristas, claro.

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