Las lecturas de El Moderno



Una curiosa manía de lector, que comparto con algunos amigos, consiste en examinar con lupa las fotos de los escritores que aparecen entrevistados en los diarios, cuando la entrevista ha transcurrido en su despacho o en su casa y se deja entrever una parte de su biblioteca. Por supuesto que echo un vistazo a la mesa, la silla, la disposición, la forma de organizarse y al ordenador si aparece, pero sobre todo me entretengo en identificar a duras penas en los lomos de los libros, que casi siempre abarrotan los estantes y suelen aparecer al fondo del retrato, todos los títulos que puedo. Si no me suenan, los anoto para buscarlos. Si ya los conocía, me ayudan a comprender las preferencias del escritor y sobre todo me granjean la satisfacción de colarme en su recinto más sagrado. Es una forma infantil de espiar a los colegas. Aunque a veces son los propios colegas los que te franquean la entrada. Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939) ha publicado una colección de artículos y ensayos sobre las lecturas que le han dejado huella, sobre alguna película que también e incluso sobre Ramón Gaya, un pintor del que no le hubiera importado colgar cuadros en su casa. Por si teníamos alguna duda, ha titulado el conjunto con un epígrafe inequívoco: Preferencias. Y lo que hace es confirmar cosas que barruntábamos y pormenorizar otras que ya había ido adelantando en escritos anteriores. Lo hace guiándonos siempre con su prosa vigorosa y pausada, que es un sucedáneo de su conversación. Vemos así que el nombre más citado en el volumen es el de uno de los paladines del simbolismo francés, Arthur Rimbaud, sobre el que recoge esclarecedoras reflexiones propias y de alguno de sus compañeros de generación, como Pere Gimferrer. A nadie puede extrañar. Sarrión es uno de los principales vanguardistas españoles vivos, junto con Carlos Edmundo de Ory. Sus amigos de tertulia lo conocían con el apodo de El Moderno y Jaime Gil de Biedma llegó a preguntarse (o a preguntarle, no se sabe bien): “¿Pero cómo se puede ser tan decadente, viniendo de Albacete?” Fiel a esta imagen asumida, Sarrión en Preferencias, escarba, ahonda y desentraña su propio vanguardismo, macerado en Rimbaud, en Baudelaire y en Verlaine, a quienes ha traducido y glosado, enriquecido en las sonatas de Valle Inclán (también muy citado) y los viajes de Alberti, y confirmado en la cercanía de los postistas y luego de sus amigos más íntimos, con Benet a la cabeza. Juan Benet que urdió con sus herramientas de ingeniero el mapa de un mundo más real que el que conocemos, al que llamó Región y en el que se desarrollan todas sus narraciones. Según se desprende de los índices finales, Sarrión fue escribiendo los artículos con distinto propósito, a veces incluso para proyectos fallidos, y sin embargo ensamblan en el libro como si fueran piezas de un puzzle afortunado. Ayuda que sea variado, que no se limite a la literatura, sino que haga excursiones por el cine estadounidense de los años cuarenta, del que añora películas como El tercer hombre, su preferida, y el cine de  José Luis Garci. También que incluya lo que podría ser un capítulo de sus mejores memorias, aquel en que describe las visitas familiares de su infancia al taller de los Belda. Gracias a estos pasajes intuimos que el famoso poema Maravillas del cine tiene un origen inconsciente en el suplicio vivido ante los focos del fotógrafo de la calle Marqués de Molins. Sirve como broche final la entrevista que le hizo Eduardo Sotillos. Es curioso que los editores hayan preferido, entre las muchas posibles, la transcripción de una entrevista radiofónica. Es un hallazgo. Ayuda a desentrañar al personaje al mostrárnoslo íntegro, con todos sus titubeos y rotundidades. La edición es de la toledana Almud, la más trascendente de cuantas trabajan en Castilla-La Mancha, que ha acertado al elegir a Javier Lorenzo como compilador. Nos lo sirve en bandeja para disfrutarlo en el recogimiento al que nos obliga la nieve.


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