Estudiar y ahorrar es lo mismo



Ahora va a resultar que la crisis también tiene ventajas. Los mozos que hasta hace un año dejaban de estudiar para ganarse unos duros fáciles cargando carretillas o lavando coches, ahora no tienen excusa. Antes te contestaban con altanería que para qué iban a estudiar si tenían más fácil conseguir la moto fuera del instituto, al cumplir dieciséis años, currando en la empresa de un familiar o de un vecino. Y resultaba poco menos que imposible rebatirles con el argumento de que la vida es muy larga. Porque para un adolescente sólo existe el ahora y, como mucho, si son medianamente espabilados, el día de mañana. Hablarles del futuro es como hablarles de Marte, un planeta lejano en el que no canta ninguno de sus ídolos ni se ve Fama ni alcanzan los programas de contacto de internet.

El presente sigue siendo lo único que les importa, pero la moto se está poniendo cuesta arriba. Y si no la moto, la gasolina de la moto. Así que no queda más remedio que retomar los libros, según explica el flamante ministro de cultura, Ángel Gabilondo. Resulta que, por primera vez desde hace años, desciende el número de españoles que abandonan los estudios nada más cumplir los dieciséis. De momento es sólo un repunte, pero tiene visos de seguir aumentando, si la interpretación de los asesores de Gabilondo es correcta, cosa que deseamos. En fin, que acabar los estudios puede ser más rentable que abandonarlos, y no sólo en teoría, sino también en la práctica, ya que gracias a nuestro sistema, libros aparte, el bachillerato sale gratis. De las pocas cosas que sigue siéndolo.

En realidad se trata de un espejismo, porque se nos olvida que los profesores cobran y que los centros educativos tienen abundantes gastos de luz, agua, calefacción y equipamiento. En fin, que la enseñanza es gratis para los estudiantes, pero no para el Estado, que somos todos y que pagamos entre todos. Pero si hay una cosa de la que podemos sentirnos satisfechos es de que así siga siendo, a pesar de los intentos de gente como Esperanza Aguirre en Madrid de crear una enseñanza de lujo para los que pueden permitírselo y que los demás se apañen como puedan. La enseñanza gratuita es un derecho por el que tenemos que seguir luchando, porque el verdadero capital de un país, ahora que se nos ha roto la burbuja inmobiliaria y que pierde gas el turismo de sol y playa, es la preparación de sus ciudadanos. Que haya gente capaz de pensar y de encontrar soluciones, no nos engañemos, depende sobre todo de un sistema educativo solvente. Y que, aunque sea a su pesar, lo vuelvan a descubrir nuestros adolescentes es una buena noticia que ojalá se confirme.

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