El poeta que vino del fútbol


Javier Ruiz Taboada acompaña a Javier Ares en la narración de los partidos futboleros internacionales y del fin de semana. Además, cada noche, compone un soneto sobre la noticia del día para leerla en antena en el programa La Bisagra. Otros lo llaman poesía, él sabe que no pasa de ser un ejercicio con rima. Porque al salir de la emisora, este toledano se quita la piel de contrarrelojista a la que obliga el medio, convoca a las musas y se refugia en los pinceles o se deja vencer por la poesía, la de verdad, la que remueve las emociones. De pronto, a los cuarenta y cinco años, se ha dado cuenta de que tanto ejercicio poético diario le ha otorgado un dominio soberbio del endecasílabo y ya lleva ganados dos certámenes literarios (Tomelloso y Jumilla) con otros tantos libros.

Reconoce que la facilidad para el verso la heredó de su madre, que componía unas rimas de celebración cada vez que se presentaba un acontecimiento familiar. De pronto, cuando Javier tenía doce o trece años, le dijo: ahora te toca a ti. Y desde entonces hasta El Reverso de la Bisagra, han pasado infinidad de versos por su bolígrafo. De hecho, empezó escribiendo poemas larguísimos, hasta que se dio cuenta de que el soneto le permitía condensar la noticia en catorce versos, estructurados incluso, entre la descripción de los cuartetos y la opinión en los tercetos. Y desde entonces utiliza esta estrofa que Boscán y Garcilaso introdujeron en nuestro idioma. Su uso cotidiano le ha obligado a probar con todas las variantes que existen, muchas de las cuales sólo se consultan en los tratados de métrica.

Pero, como él reconoce con su labia de locutor y desde sus gafas de miope, aún no se siente del todo poeta. Y eso que ha firmado cientos de ejemplares de su libro Ropa interior. Sin ir más lejos, en la pasada feria del libro de Madrid, no hubo otro poeta que firmara tantas dedicatorias. “Me gustaría contribuir a que la gente que no lee poesía se acerque a ella”. Será por eso que sus versos contienen resonancias del siglo de oro, en donde han bebido sus sonetos, pero también de autores más recientes, como Juan Ramón Jiménez, y hasta de la nocturnidad y el aire callejero de Sabina, el cantautor. Poemas donde se suceden, automáticos, los versos que describen la noche, el amor o la soledad. Y junto a ellos, otros mucho más cortos, mitad guiño y mitad greguería, que son el destilado de aquellos.

Y además pinta cuadros coloristas, que se mueven entre el naïf y el pop. Pueden verse en su página web, junto a sus ilustraciones y la música de un grupo al que produjo. Aunque siga enchufado al soneto por las noches y al fútbol los domingos, poco a poco la sensibilidad del míster Hyde que lleva dentro se va imponiendo al contrarrelojismo del locutor Jeckyll.

Visítenlo en www.ruiztaboada.com

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