Melchor López: Cuaderno de Cabo Verde

MELCHOR LÓPEZ
Cuaderno de Cabo Verde
Ediciones del Pampalino, Tenerife, 2021

«Asomado al balcón, / observo el ancho Atlántico / sumido en su indolencia / impropia de un dios tan antiguo: / atiborrada bestia / de mitos y naufragios».

Es este Cuaderno de Cabo Verde el poemario impar de un poeta impar, el tinerfeño Melchor López (1965). En doce piezas consigue trasladarnos lejos de todas las bambalinas de la civilización, las que estamos acostumbrados a que enmascaren la realidad más dramática. Aquí «Se confunden las huellas, / humanos y animales, / hermanos, inocentes, / en una misma danza». Podríamos decir que el libro contiene un solo poema épico dividido en episodios diferentes. El clima empezamos a experimentarlo en el tacto del libro, envuelto en cubiertas de cartón crudo. La puerta de entrada es una invocación paródica, al estilo de los cronistas coloniales: «Yo, Melchor López, / descendiente de un Mendes portugués, / natural de los Silos, Tenerife, / y criado en la Isla Baja, / platanar del poniente fértil, / me autoproclamo aquí, en la ciudad de Praia, / […] el primer escritor de Islas Canarias / en voluntario exilio…». Las rapsodias restantes oscilan entre la descripción del encuentro con un poeta local o la posibilidad de que «un negro / protegido del sol, / a la sombra uniforme / de una acacia / que entierra sus raíces / en las arenas multi- / contaminadas de Gamboa» encuentre un mensaje crucial en una botella y no sepa descifrarlo porque es analfabeto. López también homenajea a los revolucionarios presos y a los remos, que le parecen símbolos de un paisaje costero, el de la Macaronesia, que hermana a Canarias con Cabo Verde y a la vez con las Azores, Madeira e islas Salvajes: «Un remo junto al otro, / dos largos remos: / un emblema insulano». Un poemario, en fin, tan excéntrico y exótico como humano y auténtico hasta en sus ensoñaciones: «Si en mitad de este paisaje apareciera un dios, lo haría despojado de toda gloria; si apareciera un rey, lo haría emporcado de heces; si apareciera un sabio sería un diógenes escandaloso: Si en medio de este paisaje ―hermoso como toda la tierra pobre del hombre― apareciera un poeta, le arrancarían la lengua antes de que profiriera el primer verso».


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes expresar tu opinión sobre este artículo