Juan Vicente Piqueras: La habitación vacía

JUAN VICENTE PIQUERAS
La habitación vacía
Visor, Madrid, 2022

«Era uno de tus juegos preferidos. / ―¿Qué hay en una habitación vacía? / ―Un fantasma. / ―Ya lo han dicho.  / ―Sí, pero el que yo digo es otro».

Si fuese una carta del tarot, La habitación vacía de Juan Vicente Piqueras (Los Duques de Requena, 1960), sería «la muerte», porque no solo se puede interpretar literalmente como muerte, también puede leerse como cambio. La sensación se debe en gran medida al desenfado con el que Piqueras trata el funesto asunto. En el poema inaugural, del que procede la cita, la muerte es un juego de desapariciones. Más adelante adopta forma de alegoría: «Dice el telediario que ayer fue el fin del mundo, / que sin sentir nos hemos acabado, / que este olor a podrido y a gardenia / no debe preocuparnos, al contrario, / es la prueba, la única, la última, de que seguimos vivos». Toda esta parte es una sucesión de elegías a distintos personajes, amigos, conocidos y admirados. Como un ventrílocuo habla con sus voces. Muchos se van sin irse: «Morí el martes pasado. / Estoy mejor». A todos los siente cerca: «Los muertos no defraudan. Puedes contar con ellos. / Si tú no los olvidas, ellos no te abandonan». Para seguir el juego, el propio autor empieza a incluirse entre los que ya no están: «Nunca el mundo / fue tan hermoso como antes de irme. / Ahora ya no existe. Ahora sueño / que lo que ya no soy vuelve a nacer». Entonces colegimos que no solo hay muerte, sino también metamorfosis, aunque sea como una nueva forma de afrontar las cosas: «Aprendo poco a poco a desaparecer». Parece darnos la clave el poema «Viento interior», en el corazón del libro. Antes nos ha contado que hace muchos años que escribe porque se ha quedado sin palabras, que Dios es una creación, una palabra muy parecida a un pájaro, que todo huye muy deprisa hacia el lugar al que el poeta ya no puede regresar: «¿Qué lugar justifica tanta prisa?». Aparte de la muerte, como tema de fondo, hay otras miradas. Por ejemplo, Piqueras, que es un poeta que disfruta teatralizando, ha incluido un par de monólogos dramáticos: «Confesiones de una camisa» y «Una tarjeta blanca».

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes expresar tu opinión sobre este artículo