Dionisia García: Vuelo hacia dentro

DIONISIA GARCÍA
Vuelo hacia dentro
Libros del Aire, Santander, 2022
El pensamiento escondido
Renacimiento, Sevilla, 2022

«Hay que crecer hasta el final, aun cuando nos vayamos consumiendo».

Dionisia García (Fuente Álamo, 1929) ya publicaba aforismos en 1987, mucho antes de que se pusieran de moda. Para que quede constancia acaba de publicar simultáneamente una recopilación de sus tres colecciones anteriores, titulada El pensamiento escondido (Renacimiento), y un nuevo libro con piezas inéditas que ha llamado Vuelo hacia dentro (Libros del Aire). Quizá porque se adelantó o porque funciona así como escritora, estas colecciones reúnen aforismos mezclados con fragmentos de distintas naturalezas, desde notas de lecturas hasta reflexiones cotidianas en que nombra a personajes, familiares y lugares concretos, pasando por ocurrencias y por mensajes que Dionisia se envía a sí misma para afirmarse en sus convicciones. Como es poeta, a veces los fragmentos le salen líricos y valen por versos sueltos o incluso por poemas de un verso: «La luna me mira como diciendo: ¿aún estás ahí?». Entre las vetas temáticas, la más repetida y concienzuda la conforman sus ensayos de despedida, sus reflexiones sobre la partida que pueden considerarse lógicas en una nonagenaria, aunque siga en plena ebullición poética. Pero también abundan los fragmentos centrados en el proceso de escritura, al que según observa no le convienen ni la oscuridad, ni los gritos, ni el afán de visibilidad, ya que el poema «solo pide un digno alojamiento». Señala por ejemplo que «la crítica reiteradamente positiva reblandece al criticado». Con más vuelo lírico asoman las miradas desde la cotidianeidad: «se abrió la ventana y las lilas entraron en el cuarto» o el aforismo puro: «si quieres que la vida fluya, comienza a desenredarla». A veces se permite la broma, como cuando dice que «clavicordio es una palabra acaracolada» y hasta la protesta social: «ahora no nos miran, nos cuentan». De vez en cuando le aflora la ternura, a menudo centrada en el sentido del tacto: «hay personas tan solas que les das la mano y se quieren quedar». Nosotros la tenemos a ella, a la vez sorprendida de seguir escribiendo y escribiendo sin desmayo: «Cada noche me despido de mí, por si acaso».

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