Wislawa Szymborska: Canción negra

WISLAWA SZYMBORSKA
Canción negra
Nórdica libros, Madrid, 2020

«Antes de que el jardín se mueva hacia la sombra / tengo que cambiar mis ojos por palabras».

La historia de Canción negra es sencilla y delicada, como todas las historias de amor. El libro lo componen poemas dispersos de una veinteañera, los poemas con los que Wislawa Szymborska (1923-2012) fue condensando la voz que la llevaría a merecer el Nobel de Literatura en 1996. Poemas por tanto imperfectos, de aprendizaje, en los que imitaba sin darse cuenta y no dominaba aún la rima ni las virtudes que la encumbrarían. Es más que probable que la propia Szymborska le hubiera dedicado en su consultorio de la revista Vida literaria algunos dardos envenenados si la autora hubiera sido otra. De hecho, nunca entregó el libro a la imprenta. Fue su exmarido, el también poeta Adam Wlodek, quien agavilló los poemas para regalárselos en 1970. Un regalo cariñoso, sentimental, una cosa entre ellos. Pero después la polaca ganó el Nobel y, una vez fallecida, le fueron sacando de los cajones todo lo que guardaba. También Canción negra, que ahora se suma a las obras en castellano de Szymborska en uno de esos primorosos libros de la editorial Nórdica, que Kike de la Rubia se ha encargado de ilustrar. A pesar de que son poemas de iniciación, contiene perlas. Aquí y allá encontramos atisbos del talento de Szymborska, su ambicioso abarcar: «Nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo: / es tan grande que cabe en el cuenco de unas manos, / tan complejo que es posible describirlo con una sonrisa, / tan extraño como el eco de viejas verdades en una oración». Encontramos también versos certeros: «los pensamientos son como el viento en una casa vacía». Y esa misteriosa ironía de bruja que jugando condensaba la verdad: «quiero -antes de pasar a ser Ayer- echar una ojeada. / Quiero -antes de pasar a ser Mañana- hacerme una idea». Encontramos sobre todo un poema magnífico, «Cumbre», plenamente logrado. Los traductores Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz se han encargado de verter al castellano estos versos juveniles desde el polaco original. Un libro para fanes y para coleccionistas.

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