José Mateos, Un sí menor

JOSÉ MATEOS
Un sí menor
Pre-Textos, Valencia, 2019

«Si sabes que sólo escuchan / las paredes en ruinas, / canta para ellas. Canta».
En su anterior poemario, Otras canciones (2016), José Mateos (Jerez de la Frontera, 1963) declaró que soñaba «con la posibilidad de escribir unos poemas tan sencillos, tan desnudos, que parecieran invisibles». Cumplió su sueño entonces y lo ahonda ahora en Un sí menor. De hecho, los primeros poemas se van diluyendo como azucarillos. Antes de dejar poso, dejan ecos, reminiscencias, vagorosas rimas. Poco a poco van tomando cuerpo, referenciándose en la enfermedad de un familiar y la conciencia de la muerte, y dando pie a reflexiones que se alimentan estremecedoramente de la anécdota en la que nacen: «Qué triste irse vaciando, / de libros, cuerpos, paisajes… // amarlos mucho, / y sentirlos muy despacio, / y no poder darles nada / a cambio. / Ni una palabra, ni un poco / de vida / para salvarlos». En algún momento la aspiración de desnudez del poeta y la certeza de la desnudez final se entrelazan y comulgan. Es entonces cuando el poemario cobra más alto vuelo sin abandonar la modestia: «a veces, como digo, / cuando vuelvo ya tarde / al hotel, de repente, / me asombra que yo sea / un hombre entre otros hombres, / una más de esas hojas / con las que el viento juega; / y la inutilidad / de vivir, el castigo / de ser para la muerte». Los símbolos habituales con los que Mateos suele hilvanar sus poemas pasan a un segundo plano: «Hoy, en el patio inservible / del hospital, / un jilguero / cantó al despuntar el alba. // Tú, tan ávido de símbolos, / deja en paz ese misterio». Espacios físicos como el hotel o el hospital adquieren una intensidad dolorosa que alcanza su culmen en la casa familiar: «El silencio de esta casa / es un silencio que duele / como un castigo de infancia. // Silencio que sólo rompe / la sed del viento nocturno. / Silencio de muchas voces». Finalmente todo el dolor remonta hacia la vida en el poema 12/18, verdadera cima del libro, a pesar de su brevedad, cuyo título salva una fecha y se resume en ella: «No insistas, corazón, / inútilmente: / nunca / maldeciré la vida».


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