Marcos Tramón, De mis soledades vengo

MARCOS TRAMÓN
De mis soledades vengo
Renacimiento, Sevilla, 2018, 169 pág. 17,90€

«Vivir al fin y al cabo; vivir y que no duela» es la consigna que recorre los cuatro libros de Marcos Tramón (Oviedo, 1971) reunidos en un solo volumen bajo el título de De mis soledades vengo.
Los poemas aparecen enmarcados con un prólogo de Carlos Iglesias Díez y una entrevista que se ha hecho a sí mismo el poeta a manera de epílogo. Ambos complementos nos sitúan en las constantes de Tramón, a quien se le nota que ha bebido en Víctor Botas, sobre todo en los poemas iniciales, y que ha ido dramatizando su poesía conforme consolidaba su estilo y la ha ido estructurando en collages a la manera de Eliot. El tema más repetido es el tiempo que pasa inexorable mientras que el portador de la voz no termina de encontrar su lugar en la vida: «Hace esfuerzos por retenerlo todo, / como si no estuviese todo perdido de antemano». La conclusión tiene que ser a la fuerza pesimista. Y el pesimismo, cuando es constante, solo puede tolerarse si uno lo envuelve en ironía y lo va aliviando con chispazos de humor: «aporrean la puerta, ponte a salvo: / son recuerdos». También la literatura acude a socorrer el ánimo afligido: «Función II», por ejemplo, es un poema borgiano, del Borges que se pregunta si están conectadas dos conciencias paralelas en momentos trascendentales de la existencia, como cuando una de las dos personas muere. Tramón se lo pregunta y deja en el aire la respuesta, para no sentenciar que es negativa. También hay reminiscencias de otros poetas, como la machadiana espina en el corazón: «sé que no tengo alma, / solo este dolor que siento / atravesarme el alma». Y se puede ver un eco de Virgilio en «vamos de charco en charco / pisando oscuros días sucesivos». Hasta la felicidad, cuando acude, finalizó antes de consignarla, como la luz de las estrellas de nuestro firmamento: «hoy fui feliz, / y hoy queda ya tan lejos». La lógica escapatoria de los materiales poéticos con los que trabaja Marcos Tramón es la irrealidad, atribuir a los demás, a los otros, cualquier signo de victoria, el amor, el uso del tiempo: «no me nombres / si no quieres que te nombre en lo inventado».