Juan Marqués, Blanco roto

JUAN MARQUÉS
Blanco roto
Pre-Textos, Valencia, 2017
Juan Marqués (Zaragoza, 1980) ha declarado que defiende el poema pequeño más que el breve, entendiendo por pequeño «sencillo, modesto, en voz baja». Aclara que el poema pequeño suele ser, además breve, aunque no siempre.
Y, al contrario que muchos otros poetas que se proponen una cosa pero luego escriben otra, los poemas de Marqués son breves, buscan que las palabras abulten menos que los silencios que les crecen alrededor y que están ahí como sembrados con la intención de que sigan madurando en sucesivas lecturas. Ganó el premio Gerardo Diego en 2010 con Abierto y siete años más tarde ofrece esta nueva entrega (la tercera suya) titulada Blanco roto, que es como se llama el poema que cierra el libro: «He bajado a la playa / para poder autocompadecerme / con justificación. // El mar es todo cielo, / el cielo es de papel y está vacío / y no tengo memoria. // El tiempo es una trampa: // si hubiese un gallo cerca, cantaría». Son perceptibles los saltos entre la realidad y el pensamiento que le escatiman al lector referencias, con lo que abren espacios enigmáticos. En ese extrañamiento estriba la ambigüedad fecunda que propone Marqués, heredera de la poesía norteamericana de Ashbery y Simic, entre otros. Sin embargo, al ser tan breves, sus poemas, muchas veces de tan solo dos versos, no terminan de desprender la vivencia que los generó. Y eso lo agradecemos los lectores que preferimos anclar el poema en un contexto. Las situaciones son muchas veces tan sencillas que el vuelo que proponen es necesariamente corto, como en «El futuro sin prisa»: «¿Hay algo que me tengas que contar, / vaso de agua? // Hay algo que te tengo que decir, / noche sin ti». Lo pequeño requiere cierto relieve, para que se aprecie la fuerza de su pequeñez y, de este modo, parece que resuenan más poemas con algo más de desarrollo, como «Plaza de pueblo», que no queda menos vacía y no es menos insignificante por contarse en doce versos, o como «Verano en Atocha» («¿No sabes que los niños / imitan lo que ven?») donde la inocencia de los niños se adapta al minimalismo que cultiva Marqués: «Lenguaje no verbal llaman a eso / que yo quiero escribir». 

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