El desapercibido, de Antonio Cabrera

foto Sonia Tercero

ANTONIO CABRERA
El desapercibido
Editorial Pepitas de calabaza, Logroño, 2016
Antonio Cabrera (Medina Sidonia, 1958) tiene tres facetas bien definidas que abarcan su totalidad como escritor: la de poeta, la de naturalista y la de filósofo.
Esta última la desarrolla a partir de su oficio de profesor en un instituto de Enseñanza Media. Y a esta última se inclina un poco más este compendio de artículos, de dimensiones y temas muy variados, aunque todos ellos concisos y minuciosos. Escribiendo con la meticulosidad que le caracteriza, con el afán de que todo lo que ayude a entender esté nombrado, Cabrera nos demuestra que el verdadero pensamiento está muy relacionado con una observación entrenada de lo que nos rodea: «El mundo, bien mirado, mirado bien, resulta ser lo menos obvio dentro de lo más evidente». Con ese lema, y partiendo de su entorno, se asombra como un niño ante lo que nos perdemos cada día en el vertedero de la rutina, y se responde como un adulto que dispone además de un arma mágica y prodigiosa: la linterna del lenguaje. Dispersos en el libro menudean los recuerdos y las nostalgias, por ejemplo a la vespa o a la bombilla incandescente o a las palabras que devuelven el mundo de la infancia. Reaparecen también las lecturas, la descripción de un cuadro de Leonardo, el bagaje cultural que forma parte ya del metabolismo. Pero sobre todo asoma el deslumbramiento cotidiano que nos ofrecen los sentidos si los mantenemos alerta: las diferentes tonalidades de la luz y de la sombra, la secreta blancura que desprenden el nízcalo o la noche sin luna, los sonidos que nos rodean y cuya mera enumeración resulta lírica. Y especialmente el tacto, al que dedica cuatro piezas. Y la noche, que le merece cinco, algunas de ellas también muy cercanas al poema. La inmovilidad del árbol, unos arbustos, una jauría de perros que le ladran desde las fincas vecinas desatan reflexiones en este hombre delgado que acepta que la soledad en nuestro tiempo tiene que ser sitiada o no ser, y que considera que si estamos aquí es para que se note, y no habla de protagonismo, habla de constatación. Que no te lo cuenten, usa tus ojos. «¿Hace falta insistir en que del mundo solamente nos separamos con el pensamiento?».

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