Trescientos poemas de la dinastía Tang

LITERATO SOLITARIO DEL ESTANQUE FRAGANTE
Trescientos poemas de la dinastía Tang
Edición bilingüe de Guojian Chen
Cátedra, Letras Universales, Madrid, 2016

«Todo pasa desde siempre / como las aguas del río / que corren hacia el este». Las palabras de Li Po tienden un vínculo entre todos los tiempos que la mente del hombre ha podido abarcar.
Especialmente entre el tiempo del poeta y el nuestro. Su tiempo es el siglo VIII, puesto que nació en el año 701, durante la dinastía Tang, que está considerada la edad de oro de la poesía china. El sinólogo Robert Paine calculó que «los chinos han escrito más poemas que todos los demás pueblos de la tierra juntos». Se cuentan por miles los poemas recogidos en múltiples antologías. Sun Zhu y su mujer Xu Lanying recopilaron trescientos de la dinastía Tang para que sirvieran de manual para los niños de los colegios. Ahora Guojian Chen, que está vertiendo la poesía china al castellano y que ya ha publicado alguna selección de Li Po, nos ofrece una versión bilingüe del trabajo de Zhu y Lanying, enriquecido con otros veinticinco poemas coetáneos. Ha añadido mucha información histórica, técnica sobre las artes compositivas de los poetas chinos y biográfica de algunos de los autores más destacados, como el propio Li Po o como Tu Fu. El esfuerzo es sin duda útil para acercarnos a una cultura tan remota, aunque puede resultar tan abrumador que desorienta. Por citar un detalle, los chinos de la época usaban varios nombres: el propio, el sobrenombre y el oficial o público que adoptaban al cumplir la mayoría de edad. Luego están las transcripciones: la latina pingyin y la actual transcripción oficial, que por ejemplo rebautizan a Li Po como Li Bai y lo desfiguran (Li Bo, Li Tai-po, Li tai Pe, Taibai) para los que ya nos habíamos familiarizado con el antiguo nombre. Aunque la madre del cordero son los poemas. Cuando me topé con el libro en la Librería Popular, me apetecía reencontrarme con las sensaciones que me dejaron en su día las traducción de Marcela de Juan (1973). Tal vez fueran menos literales, pero latía en ellas una maravillosa fuerza que me cuesta encontrar en las de Guojian Chen. De Juan ni siquiera usaba títulos, en tanto que Chen los incorpora y son muy largos. Aun así, se pueden espigar un puñado de versos memorables: «Desenvaino la espada para cortar el río / pero sus aguas corren más deprisa».