Poca cosa, de Frutos Soriano

FRUTOS SORIANO FERNÁNDEZ
Poca cosa

Uno Editorial (Haibooks), Albacete, 2016

Ya en los años 80 del pasado siglo andaba Frutos Soriano (Albacete, 1960) apasionado con el haiku y adaptándolo a nuesto idioma y nuestra cultura intentando respetar las sutiles exigencias de la tradición japonesa. Antes de terminar el siglo había reunido en una plaquette titulada Diario de un holgazán (La siesta del lobo, 1996) una colección de sus haikus que luego amplió en La Veleta.
Es más que probable que su vocación contribuyera a contagiar y aglutinar a un grupo de aficionados al género que destaca por su inquietud y sus relaciones con América, Europa y Japón, La Asociación de La Gente del haiku en Albacete, de la que además es presidente. Pero a pesar de este bagaje y de haber preparado con Susana Benet una Antología del haiku contemporáneo en español (La Veleta, 2014), no se ha prodigado Soriano en colecciones propias. De hecho no había vuelto a publicar un libro de haikus exento hasta dar a luz esta Poca cosa, título que aprovecha una cita de Karma Tenzing Wangchuk («poca cosa, esta concha de mar / pero una vez fue casa para alguien») para destacar que la grandeza de esta composición de tres versos está precisamente en su modesto tamaño y en sus modestas pretensiones. Son noventa piezas ilustradas por acuarelas de Llanos Castillo que complementan la sencillez y la minuciosa observación del poeta. Suele ser la ciudad el escenario donde se le revelan los destellos que atrapa con palabras. Las plantas y los animales, los insectos sobre todo, que conviven discretamente con el tráfago y con la prisa. Es cuestión de relajarse en el paseo, de enfocar la atención y de llevarla preparada para captar las pequeñas maravillas que suceden constantemente y que suelen pasarnos desapercibidas: «Florecillas blancas. / De pronto echa a volar / la mariposa». Claro que no solo de animales y de plantas vive la atención humana: «Hasta el perrillo / se ha quedado mirando / a la muchacha». Precisamente los perros y los niños constituyen uno de los focos de sorpresa preferidos por Frutos Soriano: «Juego de niños. / Se suma el perro, aunque / no entiende nada». O también: «En silencio / un niño y un adulto / espiando a un pájaro».

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