Ficciones para una autobiografía, de Ángeles Mora

ÁNGELES MORA
Ficciones para una autobiografía
Bartleby Editores, Madrid, 2015

Estoy hojeando libros en mi librería habitual, La Librería Popular, y al verme con uno entre las manos, se acerca Rocío muy discretamente y me susurra: «¿Sabes que es el Premio de la Crítica del año pasado?». No siempre los premios son garantía de calidad, pero Rocío es una librera lista, y me había visto paginar hacia atrás y adelante, catando poemas. El libro es de Ángeles Mora y se llama Ficciones para una autobiografía.
Lo que me había atraído es la línea clara, el fraseo nítido, cada vez menos frecuente en autores que desconozco. Juega la autora desde el título con las infidelidades de la memoria, cómo nos deforma el pasado hasta convencermos de que vivimos una escena apócrifa, que de tanto repetirla nos resulta más real que la vida. Eso no es malo necesariamente. Al contrario, da mucho juego literario y permite también ir conociéndose. De ahí parte Mora: «O el recuerdo importuno, / mas bellísimo acaso, / de algo que no ocurrió tal vez como creemos / o el tiempo a su manera ya deshizo». Los poemas van buscando perspectivas, imágenes, pensamientos que han dejado la huella que somos. Me gustan más cuando no se limitan a describir el hallazgo explícitamente, sino que tantean y solo se aproximan, como en el poema en que ella parece evocar a Szymborska: «Al buscarte / te he perdido de vista. / Solo sé que me llamas». O el poema al que la propia autora alude en las entrevistas, como centro neurálgico de la colección. Es breve y se llama El ayer: «El ayer que me hizo / no sé dónde está. / El que me deshizo, sí: / está aquí, presente / conmigo todos los días». Son poemas desiguales en tamaño y enfoque, como si se hubieran escrito en series más o menos cortas, en momentos que han proyectado cambios en el ánimo pero también en la manera de escribir. Pero esto es solo una impresión de lector, como es lógico. Me quedo con los titulados Con luz propia y Sed: «Igual que una emoción / te embarga y te deslumbra / y solo un leve resplandor / de su luz consigues / que contagie». Y con versos afilados como «La luz devora más que el fuego» o bien dirigidos como «En el blanco que soy se clava mi poema». Escritos para conocerse.