Di, realidad

RAFAEL FOMBELLIDA
Di, realidad
2015, Sevilla, Editorial Renacimiento
Hace tres años leí un poemario escrito desde la orilla de la enfermedad, cuando no se sabe aún si el mal está vencido y se anda a tientas al borde del precipicio de la vida. Ese trance lo dotaba de un vértigo salvaje y hermoso. Se llamaba Violeta profundo. Ahora, su autor, Rafael Fombellida (Torrelavega, 1958) nos ha entregado una continuación más sosegada, en la que termina de metabolizar la experiencia y va abriendo el espectro hacia nuevos temas. La ha llamado Di, realidad, que además de dar título a uno de los poemas, puede entenderse como una invocación al oráculo de los días.
El oráculo le responde con la voz de un río frondoso y tenaz, que es el tono con que habla su escritura: «En sueños hablo al río, río blanco, ascendente, donde me disemino». Los poemas brotan de una experiencia cotidiana desde la cual el verso remonta la corriente para discurrir por los sentidos, los pensamientos, las ensoñaciones y los instintos de la voz. A veces se aleja muy poco de sí mismo: «Qué poquedad nos basta. Al pie del castañar / la nieve se ha posado encima de los frutos, / que parecen la seca deyección de un animal de paso». A veces se mete en los pensamientos del hijo, en la piel de otra persona, de un soldado anónimo que murió en la Gran Guerra, de una mujer, de un niño centroeuropeo, siempre desde las pequeñas rutinas, los detalles cotidianos. En otras ocasiones la realidad se desdibuja y el río del verso adopta la textura de las pesadillas o de esas imágenes que se acumulan en la neblina del cloroformo. Alguno de los poemas se acerca mucho a la estructura del cuento, y plantea una situación y va añadiendo suspense y nos escatima el desenlace, como Ronda de lobos. Pero la corriente sonámbula, hipnótica, de la voz de ese río va hilando todos los poemas, y no rompe nunca del todo con la realidad a la que empezó invocando: «Realidad, realidad, estamos tú y yo solos». Tampoco se remansa su discurso ni rehúye los filos, lo nombra todo, la masturbación, el hielo, el miedo a no estar. «Hiéreme, realidad, date un festín conmigo, ebria y tatuada». El río corre como la sangre por las venas. «Sólo / la eternidad es más profunda».

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