El personaje de Eloy M. Cebrián




Eloy M. Cebrián acaba de publicar dos libros a la vez, uno de cuentos (Comunión) y otro de artículos (La ley de Murphy). Gracias a que somos amigos, había tenido el privilegio de leer el borrador de la mayoría de los cuentos. También había leído casi todos los artículos conforme iban apareciendo en La Tribuna. Sin embargo, ahora, al volver sobre ellos, me han sorprendido cosas que entonces me pasaron desapercibidas. Seguramente porque no hay dos lecturas iguales, aunque mucha gente crea que sí. No puedes abstraerte tanto que lo que te rodea no se mezcle con lo que lees. En mi caso, creo que influye el ver reunidos los textos que había leído diseminados y el poder comparar al personaje que escribe los artículos con los personajes que se arrastran en las historias de Comunión. Me quedo con el que sale en los artículos. Los cuentos son muy buenos; algunos han merecido el premio o el elogio de los mejores jurados de certámenes narrativos de España; ahí está el borgiano habitante de La Torre o la acoquinada protagonista de Igual que entonces. Pero el autor se las hace pasar canutas. En cambio, al personaje de los artículos le pasan muchas cosas y siempre sale airoso, lírico, senequista, modesto. Eloy ha repetido (es un quejicoso impenitente) que no es un columnista al uso porque no suele apoyar sus artículos en la percha de una noticia. Sabe que lo que más echa en falta el lector de periódicos es identificarse con un tipo normal, que no ande en traje ni vaya con la sonrisa de las inauguraciones. Un tipo al que le pasen cosas normales o que parezcan normales. Un tipo sentimental cuando hay que serlo, leal con sus amigos y con sus aficiones, amante de los protocolos, gamberro y algo gruñón. El protagonista de La ley de Murphy es como un imán para lo extraño, como que le pongan la foto de otro en el carné de identidad o le endilguen la identidad del dueño de un bar y Hacienda le reclame el IVA. Ese es el personaje de estos artículos deliciosos. Se llega uno a preguntar como en el chiste: ¿Cómo me iban a pasar cosas a mí, si todas le pasan a este? ¿Cuál es la explicación de este fenómeno? Bueno, hay que decir que Eloy es un conversador infatigable, capaz de localizar en internet a un autor estadounidense al que había leído en una clase de la Universidad y trabar una amistad estrecha. Además en alguno de los artículos confiesa el pillo que en este país hemos encontrado la manera de no contar las cosas como sucedieron, sino como gustaría que hubieran sido. Pero sobre todo porque es capaz de iluminar con su escritura la anécdota más insustancial, la que contada por cualquier otro resultaría anodina.

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