Oliva o Miguel


“Este libro faltaba en el mundo, así como otros muchos sobran”, le decía Oliva Sabuco al rey de España don Felipe II, en la carta en la que pedía que la protegiera y le permitiera publicarlo. E impulsada por una audacia temeraria le rogaba también que reuniera un congreso de sabios para probarles entre otras cosas que, en contra de lo que se pensaba hasta entonces, el cerebro es el órgano donde reside la inteligencia, que distintas zonas del mismo rigen distintas habilidades y que las emociones influyen en la salud. Espeluzna no sólo el conocimiento, sino también la osadía de esta mujer de Alcaraz. Porque sentaba sus afirmaciones en 1587, en un tiempo en que la Inquisición quemaba a gente muchas veces por sospechas y otras sin ni siquiera tenerlas. La Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre, que así se llama el libro, obtuvo el permiso real y vio la luz en una imprenta de Madrid. Oliva Sabuco contaba entonces 25 años.

Pero sólo un año después el Santo Oficio lo retiró de la circulación, condenándolo al ostracismo. Al menos en España, porque sabios de otros países se aprovecharon de esta circunstancia para atribuirse descubrimientos que eran de Oliva. Por si fuera poco, aquí se empezó a dudar de que la autora fuera una mujer. Al principio fueron sólo eso, dudas, hasta que en 1903 un registrador de la propiedad con aspiraciones de historiador, Marco Hidalgo, descubrió en los archivos un testamento del padre de Oliva, el Bachiller Miguel Sabuco, en el que afirma haber escrito La Nueva Filosofía. Nació entonces una pugna encarnizada entre dos grupos de investigadores: los olivistas (partidarios de Oliva) y los miguelistas (partidarios del Bachiller).

Durante todo el siglo XX han prevalecido las tesis de los segundos, hasta el punto de que el instituto donde trabajo se llama Bachiller Sabuco. Pero la batalla se ha reavivado estas últimas semanas con la aparición del libro El enigma Sabuco. En más de 400 páginas, Ricardo González desgrana cronológicamente las teorías que se han ido sucediendo y los documentos en las que se apoyaban, y las ilustra con nuevos documentos, que han permanecido inéditos durante cuatro siglos y medio, y que prueban entre otras cosas que Oliva y su marido andaban bien de dinero. El más revolucionario de los legajos transcritos es una carta en que la propia Oliva reconoce que su padre es el autor del libro y que le había pedido que lo firmase, pero que le devuelve la propiedad.

Parece elemental deducir que el Bachiller es el ganador de la batalla. Sin embargo, Ricardo González, el más apasionado de todos los olivistas, no se ha quemado las pestañas en los archivos para rendirse. Aprovecha la novedad para argumentar con solvencia y convicción que con un rey como Felipe II no se juega, y que si Oliva retó a sus sabios es porque estaba dispuesta a convencerlos. Que fue el miedo al Santo Oficio, que acababa de retirar el libro, lo que impulsó a la familia a ponerlo bajo la autoría del padre. El testamento y las cartas tienen fecha de ese mismo año, 1588, aunque parece que nunca fue preciso recurrir a ellos. Una historia misteriosa, fascinante, enriquecedora, viva aún en sus dudas, de la que deberíamos sentirnos orgullosos todos los albaceteños. Tan sólo una sombra la está sobrevolando: que olivistas y miguelistas se ataquen con saña y sin elegancia, como hinchas furibundos de dos vulgares equipos de fútbol. El autor (o los autores, cualquiera sabe) de La Nueva Filosofía les aconsejan desde 1587 que moderen sus emociones por el bien de su salud y de la de quienes los apreciamos y admiramos.

4 comentarios:

Toñi dijo...

Me parece muy interesante que una mujer de 25 años y en aquella época tuviera esa osadía... ¡¡Vaya par de ... narices!!

Veo más probable que el miedo aplacara ese ímpetu, sobre todo en una época en la que la Iglesia tenía todo el poder... pero ahí está la carta, nada menos que a Felipe II.

Me gusta la historia y desde aquí me declaro una olivista convencida, pero sin pisotear a los del otro bando. Habrá que demostrar la inteligencia haciendo uso de ella y no dejándose llevar por moñiguerías fuera de tono.

Un abrazo. Me gustan tus artículos.

Occam dijo...

Muy elegante, como siempre. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Seguramente, si la autor�a inicial se hubiese atribu�do al padre, no se hubiese generado la pol�mica que ha llegado hasta nuestros d�as.... Yo me quedo con la idea que el padre ayudo a la hija en el af�n de conocimiento y ella tras posibles y multiples debates con �l, extrajo conclusiones de gran rigor cient�fico para su �poca.Por lo tanto. el libro es fruto de la cooperacion, que no de la colaboraci�n

democrito dijo...

Oliva adqurio sus conocimientos de su entorno,rodeada de eruditos de la zona con grandes bibliotecas.Yo estoy con la teoría de "el enigma sabuco" fue autodidacta y el padre y su entorno la encubrieron tras la retirada de su libro por la inquisición.Tal vez el intento posterior (desde 1901)de darle la autoria al padre es lo que ha provocado como consecuencia la poca repercusión que tiene en Alcaraz y en el mismo Albacete,ni los mismos profesores del instituto (la mayoria)sabian quien era.