Lorenzo Oliván, Dejar la piel

LORENZO OLIVÁN
Dejar la piel (Pensamiento y visión) 1986-2016
Pre-Textos, Valencia, 2017
«En un cristal casi se reflejan las almas. En un espejo, definitivamente, solo los cuerpos». Lorenzo Oliván (Castro Urdiales, 1986)
se concentra en esa impresión fugaz que todos tenemos a veces, cuando al ver nuestro reflejo difuminado en el cristal, sentimos que nos estamos viendo el alma. Los demás ya lo hemos olvidado antes de verlo. Oliván lleva treinta años (1986-2016) entrenándolo y sacándole el jugo. Asegura en el sustancioso prólogo, una poética en realidad, que no los considera aforismos, aunque estén tan de moda. La diferencia es que no se trata de cápsulas de pensamiento, sino que en ellos pesan más la imagen, la metáfora, el símbolo. Uno diría que tienen más que ver con las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Oliván prefiere llamarlos fragmentos. Y añade que están relacionados con su poesía: «La poesía empezó siendo para mí una gran fiesta de imágenes y sensaciones con las que, convertido en una especie de Adán, iba creando y recreando lo contemplado y lo recordado». En definitiva, insiste en que le interesa salvar la intuición, donde está implícita nuestra manera de ver el mundo: «Estoy cada vez más convencido de que las visiones mejores llevan en ellas, diluido, pensamiento, y que el pensamiento óptimo en poesía es permeable a la imaginación». Autor de cinco libros de poemas, poeta reconocido y premiado, Lorenzo Oliván recoge en Dejar la piel la otra cara de su sensibilidad, los cuatro libros de aforismos publicados y una selección del inédito Caja de cambios. Constituyen, como indica, otra manera complementaria de contemplar, la propia del niño, la del soñador: «Mirar bien cómo se mira me parece que ha de ser una de las preocupaciones centrales de la creación poética». Así, en el inmenso bazar que ofrece el mundo, ha encontrado la fantasmal luz de las velas, la sencillez de los pájaros, el tren de la poesía, y otras infinitas ilusiones, siempre en alas de la curiosidad, el único apetito que aumenta más cuanto más se satisface. Y en el despliegue, casi ha conseguido plasmar lo que formula en uno de los fragmentos: «Tener todo el tiempo del mundo para que el tiempo se tome en ti su tiempo».