Hablando solo por la calle, de Salvago











JAVIER SALVAGO
Hablando solo por la calle
Isla de Siltolá, Sevilla, 2016

Mientras que otros han necesitado un esfuerzo para adaptarse a la moda del aforismo, para Javier Salvago (Paradas, Sevilla, 1959) es una continuación natural de su oficio de guionista.
De hecho, detrás del título, Hablando solo por la calle, se entrevee un personaje, que puede ser él mismo o un sosias de cualquier ciudadano de a pie que cruza el paso de cebra mascullando para sus adentros. Sus pensamientos nacen del cabreo y de la impotencia, y se aferran a la ironía que es la tabla de salvación de quienes sienten que van contracorriente y que no pueden cambiar de sentido. Porque la mayoría de los aforistas se mueven en un entorno limitado a un puñado de temas sobre los que afilan su mirada. Salvago es un aforista demócrata, moral, cívico, que deja a un lado el paisaje y se centra en los que aparecen en la televisión y en los telediarios y en los que facilitamos su aparición por activa o por pasiva: «A palabras necias, más audiencia». Como muchos de nosotros, es un votante frustrado que no entiende nada o que entiende lo que le parece mentira que nadie más entienda: «Cuando la mayoría se equivoca lo pagamos todos», que viene a ser una prolongación de la famosa boutade de Borges de que la democracia es un curioso abuso de la estadística. En esa misma línea se acumulan bastantes de las piezas que componen esta colección, que parecen brotar de la boca del niño que ha descubierto que el rey está desnudo sin que nadie a su alrededor esté dispuesto a aceptarlo: «La corrección política es la censura de la democracia». Por supuesto menudean otras venas, algunas más cercanas al poeta al que admiramos: «Hay ciertas cosas que los jóvenes no aprenderán jamás porque, cuando las aprenden, ya han dejado de ser jóvenes». O cuando considera: «No creo que el hombre que soy le guste al niño que fui. Pero tampoco él me gusta a mí». A veces, pocas, paradójicamente, explica demasiado sin que haga falta. No le hace falta apostillar que «Un actor es alguien al que te crees más cuando interpreta un papel en la ficción que cuando intenta ser él mismo en la vida real». O este otro: «por qué no plantearse que vivimos dentro de un animal».


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