La palabra corrupción, que tiene
unas connotaciones tan demoniacas en los telediarios, vuelve a ser inocente en
el título de un libro: Infancia y
corrupciones, del maestro Sarrión. Se cumplen ahora veinte años de su llegada
a las librerías. La imagen oblicua de una alcoba con la cama deshecha, de
Antonio López, ilustra su portada. El libro tiene forma de libro pero, al
abrirlo, lo que se abre es una ciudad. La nostalgia de otras vidas que ya son
la nuestra. Lo retomo y experimento la misma sensación que el crítico de cocina
de la película Ratatouille.
