La velocidad del sueño




Gil de Biedma dejó escrito que es extraña la labor del poeta. Tan extraña que ni él mismo acaba de comprenderla. Se limita a seguir unos hábitos, que su costumbre ha establecido, y que le granjean a la vez consuelo e incertidumbre, mientras se aventura en un bosque de palabras que de un modo oblicuo, como el de los sueños, le devuelve la imagen de su propia vida. Si por alguna razón desaparecen los hábitos que la acompañan, se esfuma también la escritura.