La semana ha sido desbordante.
Cada vez que enciendo el ordenador lo encuentro envuelto en una niebla de
felicitaciones de amigos y conocidos, de abrazos cifrados por internet, de
buenos deseos, de emociones en muchos casos tan emocionantes como el momento
mismo de tomar posesión como alcalde. Intentar resumir ese magma sería una
quimera. ¿Te felicito o te doy el pésame? Vengan las dos cosas.